Falsos animalistas

Opinión

La lucha por los derechos de los animales y el combate a la crueldad en contra de los peluditos son, sin lugar a dudas, nobles causas, pero como en todo, se tiene que tener un poquito de sentido común antes de emprender una acción, más cuando se trata de seres sintientes como ya se les contempla en nuestras leyes a los animales.

El problema viene cuándo los supuestos activistas pretenden poner su granito de arena sin pensar en las consecuencias de sus actos o si realmente están ayudando a los animales y no, por el contrario, perjudicándolos más de lo que ya estaban y como ejemplo le cuento el caso de Emma, quien se ostentaba como activista por los derechos de los animales, la cual, con el pretexto de salvar a una langosta de ser cocinada, sacó al crustáceo del tanque de un restaurante en el Reino Unido y la lanzó al puerto más cercano. Sin embargo, lo que no sabía era que aquella langosta -junto con su compañero- no eran parte del menú, sino mascotas del local, mantenidas allí por más de dos años como parte de un proyecto educativo para niños.

El cambio brusco de temperatura del agua resultó fatal para el animal, y el otro crustáceo murió poco después por estrés y soledad. El restaurante denunció el hecho y Emma terminó en la corte, donde admitió un cargo por daño criminal a un animal. Como consecuencia, recibió una orden de alejamiento de tres años que le prohíbe acercarse al restaurante Catch at the Old Fish Market. Quizás las intenciones de Emma fueron buenas, pero el hecho es que, por no analizar las consecuencias de lo que iba a hacer y actuar impulsivamente, acabó con la vida de dos langostas que, mal que bien, se habían salvado de ser cocinadas.

Otro caso más es el de la ballena Keiko, una orca que protagonizó la película “Liberen a Willy” (en 1993), la cual fue capturada y separada de su familia en Islandia, cuando tenía dos años de vida en 1979, para ser llevada primero a Canadá, donde vivió en condiciones deficientes, y luego al parque de diversiones Reino Aventura (hoy Six Flags) en la Ciudad de México, donde contrajo una enfermedad en la piel por la temperatura del agua.

Ganar fama, tras aparecer en la pantalla grande, generó una presión social masiva, con millones de firmas que exigían su liberación, convirtiéndola en un ícono de la lucha contra el cautiverio, por lo que en 1996 fue trasladada al Oregon Coast Aquarium para rehabilitarse, recuperando peso y salud.

El problema fue que, en 1998, pensando que era lo mejor para la ballena, fue liberada en la bahía de Taknes en Noruega, donde una vida en cautiverio ocasionó que nunca aprendiera a cazar ni a interactuar con otras orcas y, tristemente, se le llegó a observar cerca de zonas turísticas donde buscaba interactuar con las personas, esperando que la alimentaran, como ya era su costumbre.

Finalmente, Keiko murió el 12 de diciembre de 2003, a los 27 años, en Noruega, luego de apenas un año de vivir en libertad o, más bien, condenada a estar alejada del mundo que conocía y en completa soledad. Trasladado al día a día de nuestro país, son miles de casos de personas que al, supuestamente, rescatar perros, por poner un ejemplo, los tienen como tinacos en las azoteas o encerrados en cocheras, expuestos al sol, muchas veces con el mínimo de agua o comida, y en ocasiones, no pocas, los olvidan ahí hasta que sufren un terrible final, porque no les dan siquiera la oportunidad de procurarse su propio alimento, como sí lo podrían haber hecho estando en situación de calle, porque lejos de hacerles un favor les causan el peor de los sufrimientos, al darles falsas esperanzas de haber encontrado un hogar y darles, en lugar de eso, una mortal prisión.

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