En el marco de la edición 24 del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), la cinta ‘Tralovento’, largometraje del director español Eloy Domínguez Serén abrió la oportunidad de acercarse a la mirada de su realizador, conocer las inquietudes que dieron origen a la obra y ver semejanzas a la situación que viven diferentes comunidades en México.
En ‘Tralovento’, el cineasta gallego Eloy Domínguez Serén construye una historia en la que el duelo personal y los conflictos ambientales se entrelazan.
Ana regresa a su pueblo tras la muerte de su padre con la intención solucionar algunas cosas y marcharse cuanto antes, pero trabajos pendientes en el taller mecánico de su padre y la instalación de un parque eólico que amenaza los terrenos de su familia y de otros habitantes, la lleva a involucrarse nuevamente con su comunidad.
Lo que comienza como un regreso marcado por la pérdida se convierte en un proceso de reencuentro con sus raíces y su comunidad, con un pasado doloroso y con una identidad que parecía haber dejado atrás.
La película, hablada en gallego, vincula la experiencia íntima de su protagonista con la vida colectiva de una comunidad que enfrenta decisiones capaces de transformar su territorio.
Uno de los aspectos más interesantes de la cinta es la tensión que plantea entre la transición energética y la defensa del territorio.
Sin reducir el conflicto a una oposición simple entre energías renovables y conservación ambiental, ‘Tralovento’ invita a preguntarse quién decide cómo se transforma un paisaje, qué papel tienen las comunidades en esas decisiones y cuáles son los costos sociales de un modelo de desarrollo.
El viento, símbolo de energía y movimiento, también se convierte en una fuerza que divide y confronta.
De esta manera, Domínguez Serén propone una reflexión sobre la pertenencia, la memoria y el derecho de las personas a participar en el futuro de los lugares que habitan.
Al finalizar la proyección de la primera de tres funciones y al preguntarle sobre su motivación para hacer la película, el director compartió el punto de partida de un proyecto que invita al público a aproximarse a su universo narrativo y a reflexionar sobre las ideas que lo atraviesan.
El encuentro permitió poner en el centro una cuestión fundamental del quehacer cinematográfico: qué impulsa a una persona a contar una historia y qué aspectos de la realidad busca explorar a través de las imágenes.
Más allá de la pantalla, el cine también puede convertirse en un espacio para observar nuestra relación con el entorno, cuestionar aquello que damos por sentado y abrir conversaciones sobre el mundo que habitamos.
Texto, foto y vídeos de Miguel Ángel Avilés Mendoza.
