La Copa del Mundo que volverá a detener al planeta

Opinión

ROMPIENDO LA SEMANA

La Copa del Mundo que volverá a detener al planeta

Por Carlos Godínez

Falta muy poco para que el balón vuelva a rodar y, este jueves 11 de junio, como sucede cada cuatro años, el mundo entero comenzará a hablar el mismo idioma: fútbol.

La Copa del Mundo de 2026 no será una edición cualquiera. Será histórica por múltiples razones. Por primera vez participarán 48 selecciones nacionales, convirtiéndose en el torneo más grande organizado por la FIFA. Además, México volverá a ser protagonista como país anfitrión junto con Estados Unidos y Canadá, convirtiéndose en la primera nación en recibir tres Copas del Mundo después de 1970 y 1986. 
Sin embargo, el Mundial nunca ha sido solamente un torneo de fútbol. Es un fenómeno social, cultural y económico capaz de detener conversaciones, cambiar rutinas y unir personas que normalmente no coinciden en nada.

Durante un Mundial se llenan restaurantes, hoteles, aeropuertos y plazas públicas. Se disparan campañas publicitarias, acuerdos comerciales y oportunidades de negocio. Millones de personas viajan, consumen y participan de una experiencia que trasciende lo deportivo.
Por eso resulta interesante preguntarnos si realmente estamos listos para lo que viene.

En la cancha, los especialistas y las principales casas de apuestas colocan a España, Francia, Inglaterra y Argentina como los grandes favoritos para levantar el trofeo. España llega impulsada por una generación brillante encabezada por jóvenes figuras que han conquistado Europa. Francia mantiene probablemente una de las plantillas más profundas del planeta. Inglaterra continúa acumulando talento en prácticamente todas sus líneas y Argentina buscará defender la corona obtenida en Qatar 2022. Brasil, por historia y calidad, siempre permanece en la conversación de los candidatos. Pero los Mundiales rara vez respetan por completo la lógica.
Siempre aparecen selecciones capaces de sorprender.

En Sudamérica, Uruguay y Colombia son dos equipos que merecen atención especial. Tal vez no aparezcan en el grupo principal de favoritos, pero históricamente han demostrado que saben competir en escenarios grandes. Cuando el Mundial comienza, los antecedentes pesan menos y la personalidad pesa más.

En Concacaf, Estados Unidos buscará aprovechar la madurez de su proyecto deportivo y la ventaja de jugar en casa. Canadá intentará convertirse en una de las revelaciones del torneo apoyado por una generación que ha elevado el nivel competitivo de su fútbol.
¿Y México?
Esa es la pregunta que millones de aficionados se hacen todos los días.
La localía genera ilusión, pero también presión.

Jugar en casa significa convivir con expectativas enormes. La afición mexicana no sueña con una buena participación; sueña con romper barreras históricas. Sueña con dejar atrás los límites que durante décadas han acompañado a la Selección Nacional.
Pero más allá de los resultados, existe algo que no debemos perder de vista.

Los Mundiales construyen recuerdos colectivos.
México 70 nos regaló imágenes que quedaron para siempre en la historia del fútbol. México 86 nos permitió vivir capítulos irrepetibles encabezados por Diego Maradona. Hoy, en 2026, una nueva generación tendrá la oportunidad de construir sus propios recuerdos.
Y quizá ahí radica la verdadera grandeza de este torneo.
Los campeones quedan en los libros.
Las emociones quedan en las personas.

Estamos a días de volver a ver banderas, camisetas, familias reunidas frente a una pantalla y conversaciones que comenzarán con una simple pregunta: ¿viste el partido?
Porque la Copa del Mundo nunca se trata solamente de quién gana.
Se trata de lo que somos capaces de sentir cuando el planeta entero comparte una misma pasión.
Y eso, cada cuatro años, sigue siendo algo extraordinario.
#saludosatodosmenosauno

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